Historia del Temple
Aquí podrá indagar en la historia de la Orden del Temple, desde sus inicios hasta nuestros días.
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Como Vivian los Templarios.
La vida cotidiana de un templario era muy similar a la de un monje cisterciense. Se les prohibía la conversación baladí o las risas. Dormían de tres a cuatro horas sin despojarse de camisa, calzones, calzas y cinturón. Se despertaban en maitines, a las cuatro de la madrugada en invierno o a las dos en verano. Iban a la capilla calzados y abrigados por su manto y allí rezaban trece padres nuestros. A continuación bajaban a las cuadras a inspeccionar a sus caballos y darles un primer pienso tras lo que regresaban a sus dormitorios y tras rezar un padre nuestro mas, dormían de nuevo. A la hora prima se levantaban y nuevamente en la capilla oían misa, recitaban treinta padres nuestros por los vivos y otros tantos por los muertos y comenzaban su jornada de trabajo. Cada hora detenían su quehacer y rezaban nuevas tandas de padres nuestros.Comían carne tres veces por semana, excepto los enfermos que, menos los viernes, lo hacían a diario. En el refectorio, el capellán bendecía la mesa y dirigía el rezo. Comían en silencio. Acabado el ágape, retornaban a la capilla de dos en dos para dar gracias.

Venían obligados los templarios a comulgar y dar limosna tres veces por semana a la vez que respetaban escrupulosamente tres cuaresmas anuales. Cuando estaban en combate tenían prohibido rechazar la lucha aun en situaciones numéricamente muy desfavorables. Si caían prisioneros no tenían derecho a rescate. Cuando morían se les sepultaba sin ataúd, bocabajo, en fosas anónimas.En la Península Ibérica fueron los reinos de Aragón y Portugal los primeros en los que existe constancia de establecimientos templarios. En 1.130 Raimundo Rogelio de Barcelona donó a la orden la plaza de Granera. En 1.132 el conde de Urgel les cedió el castillo de Barberá. En Aragón llegaron a poseer los templarios treinta y seis castillos.En 1.134 el rey Alfonso el Batallador legó al morir a las órdenes de Tierra Santa sus reinos de Aragón y Navarra. Aunque tan disparatado testamento no se cumplió, dio pie a los templarios para negociar con el heredero, Ramón Berenguer IV, el valor de sus derechos obteniendo así las villas o castillos de Monzón, Belchite, Remolino, Corbins y Chalamera.



